EN PROCESO... EN PROCESO... EN PROCESO...
La única diferencia entre una mosca-mosca y una mosca-no mosca, es ke esta no está cómoda en el mierdero.
p.
(El encabezado hace parte de las 10 últimas entregas-puñaladas ke pondrán fin a la por demàs, pírrica existencia de elPapanatas. He llegado a aborrecerlo como supongo se aborrece a una esposa-o esposo-, novia-novio, compañero-compañera, moza-mozo, concubina-concu..., o como se le kiera llamar, luego del 1er o 20avo, N-ésimo año de matrimonio-compartir-pasar, chingar, vivir, follar, cule... Ké importa, por fortuna cósmica nada es para siempre. Nada. Puedo decir ke lo detesté casi luego de parirlo, ke siempre fui una madre mala y mala madre, ke nunca me enterè de su gestación, sino hasta parirlo por el ano (o culo, si lo prefieren los realistas); y ke siendo mi hijo fue objeto de vejaciones harto incestuosas ke ni el placer procurado me libraron de la culpa. Pero todo esto decayó al punto de volverse insoportablemente aburrido..., tanto como su puta letra K. Su K, su K, su K, su K... KKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKK.... K!p.
Son muchos los problemas ke me atrajo--no me refiero a la K, esta era problema de estúpidos realistas criollos, colonizados, lamezuelas de españoletes, y ole!; realistas de la lengua española ke hallaban en ello una circunstancia para sus estúpidas existencias--, tantos problemas como amores pueriles y simpatías ke no me interesan. Con ambos, amores y desamores, espero seguir, como hasta ahora, limpiándome cuanta porkería con ellos pueda limpiarme. Entiende uno las simpatías, muchos hallaban en estas letras una causa común, cuando yo ni sikiera tenía una ni interés en formarla. Entiende uno los, dizke, "odios", como si el odio, sin comillas, bien-odiado, no rekiriera de sapienza, estudio, dedicaciòn y comprensiòn sobre lo ke se pretende odiar para desarrollarlo como tal. Si es cierto, como dice algún estúpido, ke no sabemos amar, hay un reto más grande, propone este humilde prepotente estúpido servidor: no sabemos odiar.
Finalmente, y por esta entrega --luego seguiré abriendo la zanja en mi alma ke espero rellenar de cuanta frusilería se atraviese, para ke yazca padeciendo para siempre en la Nada este pelmazo, badulake, pazguato, Papanatas--, antes de entrar en materia, lo develo, al insulso de la K, como URIBISTA... Nadie está invitado a su funeral; sólo yo, por cagarlo para la vida, por nutrirlo desde mis entrañas y con ellas, sólo yo me arrogo el derecho a escupir en su tumba...)
No puedo evitar sentir cierto orgullo por no haber acudido a la cita coercionada, impuesta por la Registraduría Nacional, para servir de jurado de votación (de "vicepresidente suplente de mesa" en la Escuela Manuel Rebolledo de Cali). No puedo, tampoco, evitar sentir temor por la sanción ke se me viene encima. Y no puedo, esto es lo ke más me abruma, dejar de sentirme, no se kè tanto, estúpido.
Empiezo a escribir el sábado. Mañana compraré la prensa del domingo, retrataré a un estúpido acostado en una cama dejando ver la edición dominical de un periódico de tirada nacional y pegaré esta foto en este sitio web. Para mayor crédito, también pongo una foto con la emisión del día de algún noticiero. Así no tendré cómo mentirle al Estado cuando me llame --si me llama, ojalá no-- a responder por faltar a la cita con su "democracia" de mañana domingo 09 de marzo de 2014, en la ke reiteramos otra estupidez: votar. Sobre todo, votar por santistas y uribistas, mermelados, corruptos, makinarias, serruchos, tamales y demàs.
Y antes de que se siga de lo anterior un favor al abstencionismo, en especial al pasivo, también declaro este como la tercera estupidez.
Podría seguir enlistando manifestaciones de la inconmensurable y grandilocuente estupidez; me basto, por ahora, con las tres mencionadas para caracterizar lo ke vendrá mañana y proyectar lo ke puede venir después. Adelanto la conclusión, estamos putamente jodidos. Y espero no estarlo, yo, más ke el común de los colombianos.
El domingo empezó con el patrocino del partido Conservador. A casa de mi familia, sagradamente, llega la señora octogenaria del barrio, penúltimo eslavón de la cadena clientelista, para invitar a votar por el partido godo. La invitación es lo último ke hace, ya casi de salida, con un pie en la calle y el otro en la casa, su cabeza bajo el umbral del portón: "los espero para ke vayan a votar (...), si kieren vengo a llevarlos en carro". El patrocinio, esta vez, fue el desayuno con lechona. En mi casa, nadie comió. Pero no crean, no por un atake de dignidad--siempre la hemos tenido--sino porke estaba askeroza la grasienta mezcla. No creo ke pudiera haber mejor materialización de la clientela colombiana ke una caja de lechona. El partido Conservador sigue vivito y cobrando la lechona con votos. Digo Conservador, pero bien aprendimos a comer de la mano de cualkier otro partido ke cobran duro la ingesta de grasas polisaturadas ke parecen haberse ankilosado en nuestros corazones y mentes enfiladas a las urnas del hambre y la ignorancia.
El hambre y la ignorancia nos ha hecho cómplices, no sólo del conservadurismo, del liberalismo y, ni kè decir, del uribismo. Es necesario diferenciar, no es acertado decir ke todos son lo mismo. Como hay ke diferenciar ahora entre el uribismo y santismo. El primero hizo del contubernio con la mafia del narcotràfico y paramilitarismo (ke ya "no existe!") su base politikera; el otro, el santismo, establece mafias empresariales para la extracciòn de las rikezas colombianas. El primero no tiene màs ke decir sino ke todas las desgracias en Colombia son culpa de "las far" y por eso hay ke acabar a plomo a esos "narcoterroristas". El otro le hiede la caca de la paloma de la paz cada vez ke habla de esta sin atención a las causas de la injusticia social.
Y entre el conservadurismo y el liberalismo tambièn hay diferencias. Pero estas no son esenciales, sino discursivas, o mejor, demagógicas.
En ùltimas, empecé diciendo ke no hay diferencias, lo reafirmo: todos, conservadores, liberales o uribistas y santistas, todos son el plato de la misma mierda ke tenemos ke tragarnos por nuestra hambre de ignorancia, ignorancia llena de hambre, hambre e ignorancia, hambre e ignorancia, hambre e ignorancia... donde se cultivan las prominentes bacterias d colores de ese plato: Uribe, Santos, Roy, Cesar Gaviria, Galanes, R. Gerlein, Martha L. Ramírez...
Estos son nuestros representantes, inclusive de kienes no votaron por ellos, ke votaron por otros ke kedaron en minoría parlamentaria, o de kienes no votaron. A larga esos representantes son más nuestra responsabilidad como no-pueblo, como no-ciudadanos desligados de nuestra responsabilidad y sentido de la política.
Si bien es cierto ke las reglas del juego político electoral son conservacionistas del estado de cosas, ke sólo admite ciertos cambios, los suficientes ke den para incluir sólo akellos ke no amenacen la distribución del poder político entre las élites ke lo preservan desde la herencia colonial; no lo es menos ke el desconocimiento de esas reglas y la renuencia a participar aún bajo ellas, resulta más pernicioso para un país ke pretender una auto-sustracción de la política. La política, ni buena ni mala, es arma para la sumisión y el sometimiento o lo es para la liberación. La historia colombiana verifica nuestro sometimiento a complacencia, por hambre e ignorancia.
No ha sido, en suma, la abstención, no lo ha sido votar, lo ke haya hecho la diferencia. Ni votar ni abstenerse ha cambiado nada ke no estén dispuestos a cambiar akellas élites, por eso ambas cosas se permiten, así no ambas sean legales y una de ellas no sea ilegal. A nadie arrestan, ni multan por no votar, aunke sí se dé una especie de soborno (rebajas en pagos al Estado, preferencia en competencia a cargos públicos, entre otros) a kienes lo hacen. Hasta los efectos marginales son previstos y siguen marginales, de tal forma ke sean lejanos a posibles cambios significativos del estatus-quo.
Ahora bien, en favor del voto como expresión democrática, hay ke reconocer ke nunca un gobernante ha sido elegido con una mayoría de votos. No he conocido de uno sólo ke haya sido electo con un total de votos de más de la mitad de todo el potencial electoral, nunca sikiera ha votado la mitad de la población colombiana facultada para hacerlo. O ke nunca se ha dado una votación en blanco tal ke deje a los candidatos sin posibilidad de alcanzar el umbral, kedando todos por fuera de competencia. Es tan inverosímil esta posibilidad, ke la ley no la contempla sikiera; si sucediera, si remotamente fuera posible, además de caer un tremendo limbo jurídico, Saramago no habrá tenido ningún mérito con la luz.
Aún, a pesar de todo lo real de nuestra jodida situación, el acto de votar adkiere niveles utópicos transformadores-revolucionarios cuando se contempla los niveles hipotéticos. Si más de la mitad de la población votara, probablemente no votaría por criollos de la colonia, tal vez votaría por apellidos sin colas bicentenarias o votaría en blanco; lo ke sería una consecuencia del reconocimiento de las reglas de juego, de sus posibilidades y de su ciudadanía, de un sentido político de nación, de país. Reconocer ke la indiferencia y el desinterés ke pandémicamente padecemos es el caldo de cultivo mejor para akellas bacterias imperecederas azules y rojas (hoy santistas y uribistas) ke vieneron a tomar el lugar de la Corona españoleta.
Lo dicho, utopía.Lo dicho, estamos jodidos.




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