En el título de este artículo: el sujeto de la oración es "ductos", los adjetivos son "doctos" y "dúctiles". En general, eso siento de mis profesores. A pesar de (pero en su mayoría debido a) mis profes, eso pienso.
La educación: nutrimento para competir
Lo ke me resulta paradójico es el respeto ke siento hacia ellos, e incluso aprecio. Aunke he de decir ke en mi historia de amores no me he sentido mejor sin cierta cuota significativa de mazokismo. Por mucho ke uno estudie difícilmente se logra contrarrrrrrrrestar el vacío de respeto día a día increcendo en un salòn de clase receptando educación. Estudiar y educarse --o ser educado--, no son la misma cosa.
Los otros extremos de los ductos doctos dúctiles son derivaciones acopladas a una sola entrada por la que se nos incorpora esta educación. (La metáfora es recurrente. En verdad no me interesa ahora reflexionar sobre ese acceso --más responsabilidad nos veo como estudiantes en mantener la boca cerrada, es decir comiendo callados, es lo mismo-- : el sistema, el neoliberalismo, los bankeros y/o algunos cuantos judíos, los originales Rotshild y Rockefeller, el charro y claro Slim, el humanoide Gates, entre otros muy pokitos del mundo entero. Como no me intereso en la mano invisible que nutre por ese otro extremo del tubo nuestra educación, y mantiene poderosas las kijadas, prefiero utilizar la conjugación impersonal se nos).
Supongo ke una forma posible de seguir contrarrestando el flujo unidireccional tubular (de la boca-toma-sistémica a la bo-callada-estudiante) de nuestra educación, incluso desde la propia j-aula, es la de cuestionar-los ductos. Cuestionar en serio, pero ya no sólo los contenidos mismos que determinan las COMPETENCIAS curriculares, sino también las formas en que esos contenidos son incorporados a la propia constitución del sujeto estudiante-persona. Pero el cuestionamiento rekiere un gran caudal de cuestiones ke reviertan el flujo por el ducto hasta amenazar y colapsar la bocatoma con preguntas imposibles para el con-ducto regular.
De kè hablo: de educ-acción: preguntar en la j-aula, libertarnos en las calles, en la vida real, en nuestras pràcticas diarias, en todo momento. Toda bùskeda de respuestas conlleva a más preguntas, a salirnos del ducto.
Así, vuelve y juega la paradoja: la educación nos brinda --por akello de la tesis y antítesis, según interpretó en el asunto Berlin a Hegel, ¡me dijo un profe!-- la necesidad imperiosa de estudiar para irrespetar las reglas con-ductuales en sociedad.
Ahora kedo endilemado: ¿me retracto de mi repudio a la educación ke soporto, o la celebro como reto para mi crecimiento en tanto obstáculo del mismo?
Transitoria conclusión (suspendo y luego sigo): no es respetable nuestra educación, perpetúa el crimen sistémico competitivista... el estudiante no será educando..., no más si reacciona contra su verdugo: el educador. Estudiante no t kedés callado, PREGUNTA-T!
Cuando una niña mira el cielo, un estanke, el aire en una rama--y la rama--, ...
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