domingo, 15 de diciembre de 2013

El pueblo desunido siempre ha sido vencido

   Ninguna coalición ganadora electoralmente tiene por ké excusarse (a no ser hipócritamente) principal, ética o moralmente. Estas consideraciones en la arena política son augurio de derrotas—parafraseando a N. Maquiavelo—, llanto de ingenuidad y hasta estupidez.
   Son promesa de fracaso. Probablemente los perdedores keden con su conciencia trankila, pero la conciencia sobre lo bueno y lo malo, cuando no es bagatela, es instrumento del pecador-vencedor. Por ejemplo, aunke el aparentemente perdido, y últimamente perdedor, Peñalosa, halle  refugio en las toldas Verde-Progresistas, se le reconoce su desideologización, si es ke tiene alguna, o adaptabilidad mutante; dicho de otro modo, su espíritu pragmatista: lograr una curul o cualquier cargo público al precio ke sea, con la piel ke sea o transvistiéndose políticamente las veces necesarias, sin límite, hasta obtener su objetivo. Tal conducta es inscribible en el más puro —no de pureza como decir de la Virgen, todo candidato debe estar dispuesto a la sodomía y a sodomizar, en la contienda política, digo— sentido de la política. Lo ke en cierto contexto de mitad alta del s. XIX, Otto Von Bismarck diera en llamar realpolitk, y ya en la primera del s. XVI alcanzara certera connotación politólógica (realismo) con El Príncipe de Maquiavelo.
  El caso Peñalosa, me lo parece, es el más extremo de cuantos preconfigurarían una “tercería” competitiva a las listas de Santos y Uribe para marzo y presidenciales de 2014. Extremo en cuanto a la posibilidad de que efectivamente  se dé la unión a la que ha llamado el Representante Iván Cépeda, del Polo, misma que se supone  entre pares ideológicos. Así no tenga mucho sentido, actualmente, hablar de ideologías de cuño histórico-socialistas, menos aún pro-comunistas. Y no lo tiene. No son ideologías de este calado —ni sikiera las suavizadas: socialdemócratas; así Serpa y otros como él se asuman en la n-ésima Internacional— las que en la historia electoral colombiana han descollado. ¿Y qué sentido tiene un partido que no tiene una aspiración efectiva de triunfo electoral? Esta sería una cuestión de interesante análisis, o no. Y no digo ke no tenga otros sentidos, aunque, presumo, menos pragmáticos.
   Así, si esas izkierdas colombianas ke dicen ser el pueblo unido ke jamás será (¿futurible?)vencido (Polo, Marcha Patriótica, Minga de los Pueblos, Partido Comunista —o lo ke kede de éste—, Progresistas-Verdes, esa cosa de Angelino, MOIR, UP, M-19,…) dejaran de lado los peros ideológicos… Pero, un momento, no es mucho, más bien es poco, mejor dicho: nada. Nada es lo ke tendrían ke dejar de lado, pues todos (o casi: kizás un poco menos Marcha Patriótica) aceptan el sistema económico actual colombiano. Eso sí, matizado con el pergaminoDDHH, lo ke configuraría una asible política económica de izkierda. Al decir de Saramago, la izkierda debe aplicarse a la efectividad del discurso de los DDHH. No sé si eso sea verificable en el ideario o praxis de las izkierdas colombianas, a mí tan sólo se me antoja este “reduccionismo” saramagoniano como prospectiva o paradigma del ke-harán las izkierdas, o mejor, ké hará unida y gobernante.  “Unida” condición necesaria de “gobernante”.
   Y la unidad, como mar de todos sus afluentes izquierdistas, sólo es posible con el derrotero pragmatista: triunfo electoral. Hablo de la posibilidad como tal, no como un hecho. Pero señalo la imposibilidad  del hecho sin la condición pragmática.
    Pero aún keda una condición más. Tan o más fuerte ke la tozudez de un capucho cualkiera en una universidad tercermundista cuasi-pública cualkiera, ke aún firma sus feos grafitis con cruz de hoz y martillo; apenas comparable con el caudillismo, la megalomanía política, el personalismo,cómo me suena de bien la voz en público, ké argumentos los míos, yo soy—somos—el  cambio, la paz… Casi que cada hombre-mujer de izkierda emula en ese aspecto al más verraco, el único capaz de transformar la Constitución en Colombia para lustrarse el ego de máximo gobernante doble periodo, el mismo ke sigue por las mismas desde una falaz etiketa de "Centro", y más inverosímil "Democrático", visto su talante autoritario e impositivo tanto en su doblete presidencial como al interior de su nueva agrupación de culto a su persona. 
   La izkierda del s. XXI, en general, en Latinoamérica, ha recaído en los mismos vicios ke le endilgaba y fustigaba a la derecha en las consabidas dictaduras centroamericanas y del sur del cono: ansia de perpetuidad en el poder político. Y en Colombia no ha sido la excepción, excepto ke las izkierditas colombianas no han logrado este poder como sí lo han hecho otras en los otros países suramericanos. Me parece estar leyendo akél grafiti, sin firma: "no hay nada más parecido a un autoritarismo de derecha que un autoritarismo de izkierda".
   Así, desagregada la posible unión de las izkierdas en Colombia, dos son las condiciones necesarias interrelacionadas para ke el pueblo (definido por las izkierdas colombianas), unido, no sea vencido: pragmatismo electoral y superación de los liderazgos personalistas (Piedad, Robledo, Petro, Navarro, Feliciano,..). Después de todo, cierto maquiavelismo no es extraño a ningún político ke se precie tal; o ke no kiera hacerla de ingenuo fracasado. p.
   

Posdata: 

Estoy de acuerdo, en principio, con Feliciano Valencia (candidato indígena) cuando, según le entiendo, dice ke Peñalosa estorba a la posible tercería. Pero mi cálculo es: si Peñalosa trae votos, es unible (no todos son unibles, a pesar de su potencial electoral, por la distancia en el espectro ideológico izkierda-derecha, o inclusive por odios incurables), si kita votos, no sirve para una tercería competitiva… El actual electoral de Peñalosa da para pensar ke no es recomendable ni para una ultimería. Estoy, en fin, de acuerdo con  la conclusión de Feliciano, pero no siguiendo la misma premisa, como keda claro.

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