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jueves, 3 de julio de 2014

Un gol al Valonhalla

El cabezazo fue puesto en el pecho. Del cerebro al corazón. Y la surda, surdazo, convertida en pincel, mojó de esbelto color el lienzo del Maracaná. El fútbol es un arte: Jamés Rodriguez (no lo dijo; lo ha hecho).

Lego James "Maravilla" Rodrìguez

Si por inciertos avatares, de James se olvide su nombre, al contrario, sin importar el infausto salitre del tiempo que pervierte la memoria, su magna obra de arte prevalecerá como hito que reedita la posibilidad de la inmortalidad de estos simples mortales forjadores de sueños a pie. A pie, no a patadas. "El fútbol debería ser jugado sólo por delanteros", bien sentenció otro sabio hacedor de pinceles de sus pies, Sócrates (el Doctor ke se atrevió a impulsar la democracia en plena dictadura brasilera), cuya inmortalidad al lado de la de Pelé (el futbolista, no el bobo útil de FIFA y Mastercard), Maradona, Zico, Platini (ìdem Pelé), Zidane, Rossi, Cruyff... están aseguradas.

El futbol no siempre ha sido así. Al contrario, se ha caracterizado por el sometimiento del cómo al resultado, cueste lo que cueste, renunciando a la filigrana, el encanto, el amague, el dribling o meleo... y la ilusión. Es de suponer que si la constante fuera la maravilla de los dioses mortales de la zurda, no existiriamos amantes del arte del futbol, hastiados de tantas mieles. Entiéndase, compleméntese, pues la sentencia utópica del gran Sócrates: sin hacheros, leñeros defensores, destructores, sin los de pata; aquellos delicados artistas de la surda no descollarían en el templo del Valonhalla.

En estos tiempos modernos ke ya Kafka y Chaplin denunciaban como contrarios a la emancipación humana, ha sido el futbol ansia de liberación. Un hincha grita sus frustraciones cotidianas, su sometimiento laboral, su alienación, rasga sus vestiduras y rompe sus cadenas por el efímero grito de gol. Pero cuando un gol es algo más que la redonda traspasando esa linea en el suelo paralela al travesaño, cuando es, además, pasaporte a la eternidad, soplo de vida a la red, con el que cobra vida la misma ilusión de la libertad, el grito de gol es gooooooooooooooooool, hasta vaciar los pulmones, tan largo como más no alcanza el aire, pues nadie quiere bajarse del viento que le hace volar.

Y un goooooooooooool así, como el de James Maravilloso Rodríguez, reedita la esencia del ser humano: sueño de libertad.

Gracias James por ese instante de eternidad, un gol ke enmarcará el templo del Valonhalla y vivirá en nosotros por los siglos de los siglos.

domingo, 15 de junio de 2014

Dos felicidades y un sacrificio (cuarta puñalada a elPapanatas)

O del sábado 14 y del domingo 15 de junio de 2014



(La tercera puñalada fue la de haber aceptado el cargo como representonto al Concejo del Instituto de Educación y Pedagogía-IEP- de la Universidad del Valle, luego de ser elegido. Era previsible ke aceptara).

Suele decirse: "no se comparan...", o "no hay punto de comparación", o "ni comparación", o en fin,  para referir lo absurdo de comparar dos cosas que se nos presenta a los sentidos y al intelecto bastante distantes entre ellas por uno u otro factor o características respecto de esas cosas. A continuación ensayo el parangón entre la felicidad que causa el triunfo de la selección Colombia en el mundial de fútbol y la provocada por el triunfo de uno de los candidatos a la presidencia. 

Antes de meterme de lleno en el asunto, entro en algunas tergiversaciones extractadas de la teoría comparativa. Una: sólo son comparables dos cosas (o más) si presentan aspectos similares. Dos: la similitud de las cosas a comparar debe ser tal que no sea factible decir de ellas (por lo menos en principio) que "son idénticas." Asimismo, su similitud no puede ser tan escasa que sea dable decir de esas cosas que "no se parecen en absoluto". En ambos casos, las conclusiones de la comparación resultan, de tan obvias desde el principio de la observación comparativa, absurdas y en tiempo y esfuerzos perdidos. Tres, y última: al comparar es necesario demarcar no sólo cuáles cosas comparar, sino qué aspectos, características, factores de las cosas a parangonar se estudiaran. Suficiente.

Cual es, entonces, el punto de comparación de dos cosas aparentemente tan distintas como la selección y el presidente que cuando mucho tienen de similar el apellido "de Colombia"? O, entonces (también), son tan comparables que incluso tienen el mismo apellido?

Pues son comparables, precisamente, entre otras cosas, por la posibilidad de dar desarrollo a ambas cuestiones que, yendo en sentidos opuestos, arrojan conclusiones del tipo: diferencias, en el primer sentido, y similitudes, para el segundo. Comparar es pues, definir similitudes y diferencias e implicaciones entre estas de entre varias cosas.

Por lo anterior, es explicable la intención de comparar las felicidades causadas por los triunfos de la selección Colombia del 14 y del candidato electo presidente del 15 de junio de 2014.

Casi que se puede afirmar que todos los colombianos resultaron con tal alegría que sintieron la felicidad de ser colombianos por el marcador 3-0, ganando la selección Colombia a la de Grecia. Pero no todos. Algunos perdieron dinero con ese triunfo, otros les fue indiferente y otros más decidieron aplazar la posible felicidad hasta el esperado triunfo de su candidato el domingo 15. De estos últimos, entre los que me cuento, algunos (entro los que no me incluyo) invocaron "patria", haciendo correspondientes la victoria deportiva con la victoria electoral de su candidato "patriota".  El triunfo de la Selección fue hecho coincidente con los más depurados valores nacionales representados en su candidato, según sentires y anhelos de quienes iban por uno u otro aspirante a la presidencia.

Mi presunción, que podría ser inscripta en un enfoque psicoafectivo , sobre por qué alguna porción de los votantes por Santos lo hicieron por eel, establece esta conducta como consecuencia del triunfo de la Selección, que produce una atmósfera de "todo está bien", "vamos por buen camino", luego, "hay que seguir así", "reelijamos al presidente". En consecuencia, he aquí una plausible elucubración del porqué algunos uribistas, "patriotas" ellos!, no estarían felices por los goles del sábado 14 de la Selección. Obviamente, mi elucubración calaría de hipótesis con la reelección,  de lo contrario, cuando mucho, resulte en un disparate con algún flojo fundamento.


Domingo 15 de junio de 2014, marcando maluco.

Ahora bien, si aceptamos la observación respecto del comportamiento humano de que un estado de felicidad implica una cuestión subjetiva valorativa que puede o no parecer o ser racional, el lunes podré estar estúpidamente feliz y comer futbol por el resto del mes y, dependiendo de los goles de la Selección, por el resto de mi vida, indiferentemente de quien putas resulte electo el d-15. O estaré tristemente alegre porque no bastaría ni siquiera que la Selección Colombia sea Campeón del mundo, por un eventual gobierno de Zuloaga. Dolorosamente, en un estadio así (no de fútbol, sino de gobierno con las patas), auguro que mas fácil resultaría que nuestra Selección repitiera semejante hazaña, antes que logremos vivir en una casi maldita paz, tanto como nuestra guerra. p.

Posdata:

Mi tercera puñalada: mi mano es la de la foto.
T. Mann me diría que estoy viviendo, que todo bien.
Pongo punto final a este texto en frente del tv, a76 minutos del partido Ecuador-Suiza, que va 1-1.