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sábado, 21 de septiembre de 2013

Ultimátum a propósito de un letrero ofensivo: FARC





Si uno no se mete en el Conflicto (social armado y polìtico colombiano), este termina por victimizarte.



Tanta como la separación de las realidades entre la urbe y la montaña, asì también la distancia entre algunos babositos ke rayan las paredes (y practican otros rituales protozoos de rancia beligerancia en la Univalle, creyendo con ello ke van a la guerra y dejan de ser bacteria); y la guerra ke mayoritariamente campesinos, por la razòn ke fuere, ekivocádamente o no, libran o padecen en el monte.

Si las opiniones se dividen racional, razonada y visceralmente respecto a las causas de la confrontaciòn armada en Colombia, a la hora del análisis del reflejo de esta realidad social en el espejito ke constituye las universidades pùblicas --las FARC, secreto a tenores, injieren en estas al mismo ritmo ke la realidad social no se mantiene allende las fronteras academico-administrativas, ni por mucho ke algunos profes y estudiantes se empeñen en hacer de los campus burbujitas de cristal, diríase ¡asociales!-- es apenas previsible (difícilmente justificable) ke el debate se mantenga y hasta exacerbe a disputa con recurrente violencia. Lo cual es impropio del àmbito universitario, o debería serlo. Debería, digo, no por preservación de la burbujita, sino por romper los espejismos, también recurrentes, en los cuales los proto-guerrilleritos-citadinos-univallunos, alazados en leche Klim, renegados de la mama, alucinan la última gran guerra en la ke ellos mismos resultan en pretendidos rambitos sudacas (de video-game, será). Simple parodia sin presencia, en esto radica su injerencia.

Porque presentes no están como organización, lo han demostrado cientos de veces. Que son capaces de hacer una paradita miliciana con 20 cabezas de trapo en una absurda y ridícula parada disciplinada, eso no es pertenecer; eso es simulación que estimula la adrenalina pa decirle a la muchachita que quieren comerse que son de las FARC. A la calle no salen a hacer las pintas y es sabido que en la Universidad a una le llevan tintos cuando va a hacer una pintica. Se envalentonan un ratico de tropel y luego a la birra y la farra.

No son milicianos y menos guerrilla urbana, ¡que bueno! Menos mal son sólo parodia juvenil que dura lo que dura el acné. Una vez se dan cuenta cómo es la cosa, abandonan la pretensión revolucionaria y se incorporan. La mayoría de las veces esa incorporación es tan sumisa, como sumisa era su adhesión a la pantomima miliciana o guerrillera.

Esta sarna y supurar contra kienes en nombre de la Revolución ke pretende cambiar al país, no atinan si kiera a lavar el plato en el ke comen, tratan a sus madres, las misma de las ke rechazaron la teta, como a una sierva. Contra akellos ke no pueden ni dejar limpio el excusado ke han usado; sino ke ordenan o esperan a ke un pobre imbècil subordiando lo haga por ellos. Cambiar el mundo sin ellos mismos asumir sus propios cambios. Falsos, hipócritas, anti-estado para llegar a ser ellos mismos Estado, contra-autoritarios con autoritarismo. Bien me dijo una pared: lo más parecido a un fascismo de derecha es un fascismo de izkierda...

Contra, finalmente, akellos para los ke va este ultimátum:

Borren el letrero FARC  de la placa conmemorativa de nuestros amados compañerxs asesinadxs con la akiescencia del Estado. 

Bórrenlo de akella placa ubicada diagonal a la frutería de la ciudadela Univalle-Meléndez, Cali-Col. Tienen hasta las 12:15 pm del 03 23 de octubre del 2013 para hacerlo.


Si no lo borran...,  si no lo borran, lo borramos.  

pd.
Agradecimiento a una amiga ke me aconseja en esta redacción.




viernes, 20 de julio de 2012

La tierra bajo Berlín

EJÈRCITO ERRORISTA (click video)

De palos ke son bastones, de indios ke son guardianes de la tierra y de soldados ke son HÉROES. Un estado luiscatorciano ke se presume soberano

La torre

Si digo ke la fuerza de los gremios de la economía está por encima de lo ke la lógica clásica reduce a "el bien y el mal" (!siendo buenos los armados de fusil y malos los ke no!); inmediatamente pego una foto de las torres ke coronan  el cerro en disputa hítica entre estado colombiano y pueblo Nasa--también colombiano--.

                                          Cerro Berlín, Toribío (Cortesía: PAYA s.a.)

Después del cielo sobre Berlín (en esta ocasión, por fuera del cine de Wenders, no hay ángeles, o por lo menos no alguno con ganas de caer a la tierra), hacia abajo, viene la torre de Comcel, incluso es mucho más elevada ke otra torre de radio y una más ahi ubicadas. Y más abajo, la tierra bajo Berlín, nombre del cerro ke se ha convertido en un espontáneo laboratorio de paz, por decir mismedades.

Si para los ángeles de Wenders un "castigo" sería convertirles, por mano divina, en humanxs, para ver en ké consiste eso de amar; el infierno sería Toribío, la tierra bajo Berlín. 

Justo ahí, en el cerro Berlín, he podido vivenciar la mejor prueba d amor humano (infernal): el amor por la tierra. La tierra es todo akello ke rodea esa torre sobre el cerro. El amor por la tierra ha desatado un infierno para los nasas y demás habitantes de Toribío.

Por otra parte, por fuera de su cielo, hay tanto ke tendrían ke experimentar los ángeles intocados de las élites del poder económico. No lo digo como un deseo, menos como una esperanza; más como una afirmación: los ángeles no saben de lo ke se pierden en su cielo fatuo de ostentación, lujo y suntuosidad.

Ahora bien, no soy tan iluso de creer ke los clubnogalistas puedan tener algún interés de a pie sobre ese cerro; como tampoco creo en la posibilidad de ke los indios puedan llegar al cielo. Pero es apenas comprensible ke estos se resistan a la imposición del cadalso ke sustente la gloria de akellos.

Es más, si la tecnología lo concibiera, esa torre de Comcel la habría instalado Rafa Escalona, en el aire, si por voluntad angelical bastara la realización de la realidad.

Pero la realidad es infernal. La tierra, por ejemplo, antes del aterrizaje de esa torre en Berlín, era verde y fértil y libre. Ahora está erosionada, cortada, agrietada y alambrada Y uno como turista de la rebeldía o periodista imparcial, veraz, transportado por el ejército, puede recoger caskillos de 5.56 y punto 50 del suelo, y luego decir ke estuvo en el campo de guerra, o como está por estos días Toribío,en  el infierno en tregua. Y el agua, antes en abundancia, apenas si gotea, como lágrima de soldado.

Tratando de decir algo, no puedo sino decir: la torre comcel está por encima de indios y ejército.

La tierra

Pero incluso hasta esa frìa torre necesita de la tierra para afirmarse. Es entonces  donde se suscita la pelea por la tierra. La torre resulta un ìcono de la mentalidad explotadora, a la vez ke en un anti-sìmbolo de la lucha indìgena por su Pacha Mama.

Mientras ke para el "àngel exterminador" la tierra es fuente de rikezas particularistas econòmicas, para el indio ella es fuente de vida para todos y todas y para todo ser viviente. Asì, como ya es harto conocido, la lucha por la defensa de la tierra por parte del ser indìgena, ante el gran empresario, es la defensa de la vida, es, pues, no sòlo la pelea por un bien secundario, ke se transforma en bien en tanto es explotable y produce ganacias; sino ke es la defensa, ante todo, de un bien en sì; esto es, de un bien como sustento principal de toda forma de vida. 

De tal modo, son dos mentalidades con distintas formas de aproximaciòn al màximo bien ke poseemos lxs colombianxs, ke a lo largo de la historia de las acciones, se presentan irreconciliables.

No obstante, impulsada desde "Cumbres" (sin tierra) por la preservaciòn del medio ambiente, se pone de moda una nueva mentalidad de consumismo-explotaciòn: el capitalismo ecològico, ke no viene a ser sino otra fase del mismo salvajismo (sin selvas). Alternativa aceptable y respaldable para el gran empresario, en tanto conserva la fuente de explotaciòn. Sin embargo, esta alternativa no es tal, el asunto no reside, para la mente indìgena--y debieramos decir para la mente humana, pero la realidad obliga la dicotomìa: indìgena -gran empresario--, en talar un àrbol y sembrar dos o secar una cuenca a cambio de unos cuantos empleos proveídos para unos cuantos nativos de la cuenca; atentando contra la concepciòn del "buen vivir",  a cambio de la de bienestar econòmico.

El indìgena sabe algo ke en la escaces y la sekìa aprenderà el gran empresario: ninguna sed de agua, por ejemplo, se compara con toda la sed de oro. He akì una escena de la confrontaciòn de esas mentalidades: buen vivir versus bienestar econòmico. (¡Habràn kienes prefieran calmar la sed con coca cola!).

De fusiles y bastones

En esa disputa por la tierra hoy se destacan, entre otras cosas gracias al oportunismo amarillista de algunos medios de comunicaciòn, de un lado, el Ejèrcito de Colombia con sus costosas armas ke, entre todxs lxs colmbianxs hemos comprado a multinacionales gringas, principalmente. Y del otro, la Guardia Indìgena, ke han extraìdo de àrboles de pàramos inexpugnables sus bastones y "refrescados" en aguas de lagunas sagradas segùn sus concepciones.

Y nunca he sabido de un bastòn ke cause una muerte; al contrario, ya por accidente, por mandato presidencial, paraco o guerrillo, los fusiles marcan record entre sus vìctimas indìgenas y campesinas.

Estando en ese cerro algo es contundentemente sensible: mientras esos fusiles provocan miedo, los bastones generan respeto. 

"Última ratio"
                                                               Soldado y fusil en C. Berlín (Paya S.A.)   

Rakìtico estado akèl ke funda su fortaleza en los cañones de sus fusiles...

...



  





POSDATA: ESTILO SOUVENIRS:1. Niñas y niños, ancianos y ancianas (Mayores y Mayoras), tambièn son parte d la Guardia Indìgena (GI); tambièn se echaban a la espalda los bultos ke los soldados solicitaron ke les ayudaran a cargar. 2. Un turista en el cerro, al ver las grandes tinas d plàstico de los soldados , llenas d agua cristalina y fresca, las cuales custodiaban con celo inus(c)itado la propia GI, intentò tomar un poco, pues sed era lo ke màs acusiaba en ese cerro; en el acto un GI le impidiò: "no, esa agua es d ellos (del ejèrcito)". Frustrado el turista dio media vuelta y un paso en direcciòn resignada y estoica, sedienta!, al cabo d ese paso un oasis brotò d su boca: "pero compañero--dirigièndose al GI ke leimpidiò beber--la tina es del Ejèrcito, el agua es d todxs". El GI, asintiò en silencio, pero evitando una contradicciòn y conservando el respeto hacia las cosas "de" los soldados, acertò: "tiene razòn, pero venga màs bien yo le doy de la mìa" al termino d lafrase el turista ya bebìa y yo obtenìa mi souvenir.  3. Admìrese la foto de soldados chupando helados de crema: ¡la hostilidad! (?). 4.RESOUVENIR: las imagenes d Caracol y demàs.

POSDATA 2: (Agosto 09 de 2012)

Hemos recibido del Cabildo de Cerro Tijeras el comunicado que a continuación reproducimos:

CERRO TIJERAS BAJO FUEGO

En un nuevo acto violatorio a los derechos que nos asiste como Pueblos Indígenas y a nuestro territorio, según lo consagra la Constitución de Colombia y varios tratados internacionales, los actores armados se están enfrentando al interior de las comunidades de la manera más irresponsable y ciega.

El Cabildo de Cerro Tijeras advierte que las comarcas de Alejandría, La Chorrera, La Virginia y El Diviso adscritas todas al Cabildo en mención, son objeto de bombardeos y fuego cruzado provenientes de guerrilleros y militares que hacen oídos sordos a la voz enérgica del Pueblo Nasa: !Fuera los actores armados de nuestro territorio!.

La Guardia Indígena se prepara en la vereda de Olivares para enfrentar a los armados con bordones de mando, con la certeza de que tenemos la razón que nos ampara la palabra. Le agradecemos que nos ayude a difundir esta Alerta Temprana.....mañana es ahora....
Francy Elena Molina Arboleda

martes, 1 de mayo de 2012

Aún no es tiempo de paz. ¿O estamos en guerra? Una "estúpida" idea sobre el desarme

 La mejor arma revolucionaria, hoy, es la ke no disparen.

El uso institucional o legal de un arma letal está proscrito para toda
situación ke no revista la amenaza inminente a la vida de un “inocente” (el
término es propio del argot castrense para significar, sobre todo, un no
“bandido” o guerrillero), o a la del propio facultado funcionario público para
dispararla: policía o soldado.

Como la guerrilla es, por consideración estatal y de buena parte de la
sociedad, una amenaza, de la latencia, pasada a la inminencia, el Estado
no aguarda, como en tiempos de Pastrana, por ejemplo, la incursión
guerrillera, ahora, eso sí, con similar furor y hambre sanguinolenta, kizás, a
la época uribeña, el Estado la arremete.

Por tanto, ni un soldado, ni un policía, empuñan armas revolucionarias.
Pero, además, para no desentenderme de la teorética respectiva, vale
decir, ningún Estado, en el sentido marxista-engelsiano de garante del
desekilibrio entre clases sociales en favor de una dominante, es causa o
promotor consciente de su propia revolución socialista o por el ekilibrio
social; esto según la vieja concepción del paradigma histórico-científico
hegeliano reinterpretado, inglés e inadecuadamente, por Berlin como:
tesis-antitesis-síntesis. En otras palabras, en su contexto local-nacional,
ningún Estado es revolucionario sin la perversión, inversión o destrucción
de su propio sistema político actual por el cual se mantienen las
condiciones de dominación existentes. Consecuentemente, un agente
estatal armado sólo emprende el acto revolucionario a través de su auto-
negación ke inexorablemente conduzca a su auto-destrucción, no digo
hasta ké punto físico, inclusive, por no entrar akí en categorizaciones
morales. En uno de los consabidos tropeles univallunos, para ponerlo en
tono tropical, escuchaba a un estudiante gritarle a un policía del Esmad:
“tombo, toma conciencia, suicídate”.

Por otra parte, la justificación moral estatal nada tiene ke ver con la
muerte, nada ke ver con muertes violentas. Esto no kiere decir ke, en su
ánimo teleológico, el Estado no asuma su papel como protector de la vida
de sus asociados, sino ke en la consecución del fin — ¿cuál?, se
preguntarán muchas personas— invierte pérdidas de vidas humanas,
dados de baja, daños colaterales, y otros términos ke puedan resultar en
eufemismos para crímenes de Estado —contradicción práctica, acaso
¿insalvable?—. Aunque la delincuencia común genere más muertes y/o
asesinatos, ella no hace parte preponderante de las razones de Estado,
pues ella es connatural al sistema político, en tanto éste no a todxs nos
puede tener contentxs consumidorxs-consumistas o dichosos productores.

La guerrilla, en cambio, distinta de la delincuencia común, es una anomalía
rekerida. Por un lado, “es el principal problema ke tiene el país”, y por la
cual se justifica la fuerza estatal y en buena parte el régimen legal. Y, por
otro lado, siendo la guerrilla parte de nuestro aire, no me imagino cómo
sería la vida sin ella: ¿estaríamos peor? El único intento de oposición
existente en Colombia, acertado o no—de “bandidos” o “revolucionarios”—, al sistema, o menos, al gobierno, es decir, a los gobiernos, es decir, a los intereses de la banca. Pero, ¿ké tipo de anomalía preferimos?

Pero desacelero. Si recordamos, o si echamos un ojo a la prensa de las
últimas 3 o 4 elecciones presidenciales, una conclusión altisonante, casi
verdad de Perogrullo, es ke han sido las fuerzas subversivas las ke han
diseñado y elegido mandatario. Primordialmente, han sido las FARC-EP
kienes han escogido contrincante. Ké irresistible lógica watsoniana (del
Watson de “Batman el caballero de la noche”. Aunke también podría ser
de Schmitt): “yo no kiero eliminarte (enemigo mío), tú eres mi razón de
ser”. Lo ke, lógicamente, implica: “sin mi enemigo, desaparezco”.

Más lento. La lógica —por lo menos la de la intentona del círculo vienés—
no rebasa la realidad y, aún más, la misma realidad colombiana, como
sabemos, desborda la realidad: si entendemos la paz como resultado
morilloiano: pacificación por desaparición de la subversión, por vía del
anikilamiento, o ya por vía política o navarro-wolfiana: prebendataria; pues
la paz no pasará de ser palabrería sustento del próximo presidente en su
campaña y de sus reformas gubernamentales pro statu quo. Y tal como
antes, si le elegimos, es porke no estamos en guerra. O si lo estamos, aún
no nos enteramos. Aunke la padecemos, no la reconocemos y, en tanto no
la asumamos, no estaremos a tiempo de paz.

Me detengo. O, atención, la paz sea—distinto del tenor de Morillo—
producto de la eliminación o transformación de las causas ke originaron la
germinación hasta la explosión, hacia la mitad del siglo XX, del fenómeno
subversión —y con ello del conflicto social armado y político—. Es decir, ke
la paz sea el resultado de la superación de esas causas porke lxs
colombianxs hayamos acordado y efectuado una reforma agraria real—la
ciencia ficción suele ser derrotero de lo futurible—. Así, pues, en este caso,
la subversión no tendrá razón para existir y, consecuentemente, el próximo
presidente tendría ke contar con algo más ke venezolano-experto-
publicista-en-mercado-tecnia,
a la hora de presentarnos su plataforma
política, para lograr el favor del pueblo.

Me devuelvo. La estupidez: un arma portada en silencio, ke no se dispare,
ke no hace parte de la institución estatal, es, no sólo símbolo de la
revolución en Colombia, sino el acto revolucionario ke ya nadie espera, o
muy pocos aguardamos, de un Ejército del Pueblo. Éste ejército se
caracterizaría por posar con sus armas frías. Creo ke por desconfianza o
paranoia bien fundadas en lo histórico-actual, es válido y aceptable el
rechazo a entregar las armas por parte de éste ejército; un cese al fuego
no debe implicar una entrega de las armas guerrilleras, sino, como
alternativa hacia la paz, una especie de preter-institucionalización de ellas.
Esto es, un rango excepcional de la institucionalidad en el ke miembros no
funcionarios públicos (guerrilleros) sean facultados, respecto al porte de
armas, tal cual como es facultado un agente estatal.

Por tanto, y con esto se recupera la intención institucional, los guerrilleros
armados, antes ilegales, ahora exceptuados de la ley sobre porte de armas,
estarían expuestos a los perjuicios legales por el uso antijurídico de esas
armas, ahora, amparadas por el Estado. De tal manera ke ese uso ilegal se
circunscribiría al de la legítima defensa. Dicho de otro modo, un guerrillero
sólo accionaría su arma en defensa de su vida. Claro está, esto demanda el
compromiso dialógico, inicialmente, entre Estado y guerrilla, con la
sociedad (nacional e internacional) como juez de la puesta en escena de la
excepcional medida, ke, entre otras cosas, presupone una disminución de
acción de fuego, vale decirlo.

Aunke reconozco ke esto podría interpretarse como una especie de
paramilitarización de la guerrilla, la diferencia es ke la medida apunta al
desarme definitivo de una fuerza de antaño armada; en lugar de la
armización de un sector de la sociead, como en su tiempo lo propuso la
idea contenida en las nefastas “Convivir”, embrión del paramilitarismo en
Antiokia de los 80. Otra lectura podría replicar ke sería la
institucionalización de dos ejércitos al interior de un mismo Estado; a lo
cual basta advertir ke no ha sido el intento de negación, invisibilización u
ocultamiento, de la subversión por parte de la institucionalidad, una
medida ke haya dado resultado distinto de la exacerbación violenta del
conflicto social y político colombiano.

Ahora bien, esta medida sería transitoria hasta tanto no se consolide el
proceso de paz, según los acuerdos ke entre sociedad, Estado y guerrilla se
surtan. Pero, en tal escenario, estaríamos ante una guerrilla madura, como
debe serlo una con tanta trayectoria ke, por fin, considera el silenciamiento
de sus armas por la expansión de su ideario, ke se constituye
revolucionario en tanto práctica coherente con su discurso. Sería, así,
desvirtuar la política guerrerista estatal, y una anomalía deseable por una
significativa parte de la sociedad, conmigo incluido en esta parte.

Como se puede deducir, la paz, en las tipicidades colombianas, demanda
un esfuerzo de todas las partes para contemplar, evaluar e intentar
medidas distintas a las tradicionales o normalmente institucionales. La
guerra como expresión del conflicto social y político colombiano es una
cepa cancerígena con la ke nos hemos habituado a vivir, en tanto nos
degrada la calidad vital, y la ke, al correr de tiempos, tiros, muertes y
gobiernos, ha desarrollado un alto grado inmunológico; es necesario
considerar la amputación no violenta (clínica), sobre todo de akellas partes
ke persisten en la imposición violenta del derecho, de las creencias, de una
política, de un pensamiento, mediante la norma o las armas, o una
“perfecta combinación” de estas. Tal es una demanda social si keremos
curarnos de la siempreviva, hasta ahora, tradición colombiana anikilante de
lo opuesto y de la diferencia. p.

pd.:

¿Serán tan estúpidos guerrilla y Estado, este para acceder al ámparo de las armas guerrilleras, akella para revelar su pié de fuerza real? ¿Ké tan estúpidxs hemos sido todxs?