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sábado, 7 de septiembre de 2013

ESMAD CRIMINALES E IMPUNES

II.  Crònica de una reja caída… anunciada Tanketa vs Reja (clck)Recalzadas del Esmad y asesinato Oscar salas

Desde ese dìa ke fue empalada sobre la Av. Pasoancho, todos en Univalle sabìamos ke esa reja no iba a durar. Inclusive la Administraciòn  — ¿univalluna o unicentrina?—  ke la clavó.
La reja no. La reja, de la ke hoy no keda sino pedazos en pie y en chatarra, no sabe. A la reja nadie le advirtiò ke ademàs de estar a la intemperie saludando el frente de su colosal, arribista y chicanero vecino, UNICENTRO, llegarìa el momento de hacer frente a visitantes indeseados, de negro, acorazados de fibra de vidrio y cobardìa y con la hombrìa entanketada y usurpada por la instituciòn policial y el Estado-gobierno. 
La pobre reja no contaba con el apoyo de nadie, como centro penitenciario, saludaba la llegada de propios y extraños. Si posiblemente la contradicción o paradoja es sostenible en los frentes de las cárceles, es porke su condición de apresamiento no les da para màs; akí, en cambio, no se explica uno, como estudiante, còmo las rejas destacan en un centro universitario. Si se recuerda, no existe un saludo de bienvenida alguno; la reja es —era—  la portada de la Universidad del Valle-Cali, Col.
La reja ya no està, pero aún keda màs y, además, la Univalle, sede Meléndez, limita a su norte con Unicentro; al sur con Carrefour y—non plus ultra—con Coca-Cola; al este con el barrio Ingenio, estrato uff y; al oeste, con Ciudad Jardín, re-uff.  Como se dice, estamos perdidos, estamos rodeados.

Como si no bastara, hartaran, las barreras mentales, la escuela tradicional, los profesores, el pensum, los salones de clases, los pupitres, proyecto de país elitista y arribista y aplastista, la norma y la ley, contubernio para una postración bieneducada, deformación del ser y castración de todo sueño de libertad, San Eterno Ramos Rector…; la reja; nuestra kerida reja: seguridad, prevención, sometimiento, profesional y salario, reproducción, perpetuidad, educación—no conocimiento—, dicción sin contra, aceptación, revisión, stablishmiente, estatus-quo…   
La derribada de la reja por parte del ESMAD, el 05 de septiembre de 2013,  con una gran tanqueta o marrana (hay video en la red)  muchos la han visto como una agresión a la Univalle, es decir a la comunidad (casi escribo comodidad); probablemente la motivación de la policía, y de ahí pa`rriba del resto, haya sido tal, ofender, dañar, destruir, violentar, matar, como reacción tombil a la provocación capuchil, etc.  Probable, seguramente. Pero el acto, desprovisto de la intención y la marrana, es uno de los más revolucionarios (acto sin actor o actor inconsciente de su acto) ke en mucho tiempo he presenciado en nuestra Univalle; ya quisiera yo haber sido el autor, o ke el tombo al timón de la tanqueta fuera mi tío. De tener la oportunidad le condecoraría por su estupidez, pues gracias a esta y a su necia necesidad inmediata de despejar la línea de fuego para ke los esmadianos dispararan contra estudiantiles sus cañones cargados con recalzadas (con una de estas la poli asesina a Oscar Salas en Bogotá, consúltese por su nombre en Noticias Uno, en la web), metrallas y piñatas de odio; gracias a esto, decía, pondrè para lo posteridad una efemérides en la historia de las luchas univallunas: el 05 de septiembre de 2013 cae parada la compañera Reja ante un acto de libertad perpetrado por las fuerzas del orden y la represión.    
p.
POSDATA:
Desde el asesinato de Johnny Silva Aranguren no recuerdo haberme sentido tan consternado por la caída de un tan kerido de la comunidad univalluna, aunque duró poco, cayó parada,  sin dar ni un paso atrás y de frente a una marrana blindada del Esmad. ¿Será ke la vuelven a poner —a la reja, no a la marrana—?

El título es en gran medida sugerencia de doña Eneried, madre de Johnny Silva Aranguren, estudiante asesinado el 22 de sept. de 2005 por… adivinen kiènes? La adivinanza vale para akellos ke parecen olvidar o kerer hacerlo. Recalzadas del Esmad y asesinato Oscar Salas

martes, 1 de mayo de 2012

Aún no es tiempo de paz. ¿O estamos en guerra? Una "estúpida" idea sobre el desarme

 La mejor arma revolucionaria, hoy, es la ke no disparen.

El uso institucional o legal de un arma letal está proscrito para toda
situación ke no revista la amenaza inminente a la vida de un “inocente” (el
término es propio del argot castrense para significar, sobre todo, un no
“bandido” o guerrillero), o a la del propio facultado funcionario público para
dispararla: policía o soldado.

Como la guerrilla es, por consideración estatal y de buena parte de la
sociedad, una amenaza, de la latencia, pasada a la inminencia, el Estado
no aguarda, como en tiempos de Pastrana, por ejemplo, la incursión
guerrillera, ahora, eso sí, con similar furor y hambre sanguinolenta, kizás, a
la época uribeña, el Estado la arremete.

Por tanto, ni un soldado, ni un policía, empuñan armas revolucionarias.
Pero, además, para no desentenderme de la teorética respectiva, vale
decir, ningún Estado, en el sentido marxista-engelsiano de garante del
desekilibrio entre clases sociales en favor de una dominante, es causa o
promotor consciente de su propia revolución socialista o por el ekilibrio
social; esto según la vieja concepción del paradigma histórico-científico
hegeliano reinterpretado, inglés e inadecuadamente, por Berlin como:
tesis-antitesis-síntesis. En otras palabras, en su contexto local-nacional,
ningún Estado es revolucionario sin la perversión, inversión o destrucción
de su propio sistema político actual por el cual se mantienen las
condiciones de dominación existentes. Consecuentemente, un agente
estatal armado sólo emprende el acto revolucionario a través de su auto-
negación ke inexorablemente conduzca a su auto-destrucción, no digo
hasta ké punto físico, inclusive, por no entrar akí en categorizaciones
morales. En uno de los consabidos tropeles univallunos, para ponerlo en
tono tropical, escuchaba a un estudiante gritarle a un policía del Esmad:
“tombo, toma conciencia, suicídate”.

Por otra parte, la justificación moral estatal nada tiene ke ver con la
muerte, nada ke ver con muertes violentas. Esto no kiere decir ke, en su
ánimo teleológico, el Estado no asuma su papel como protector de la vida
de sus asociados, sino ke en la consecución del fin — ¿cuál?, se
preguntarán muchas personas— invierte pérdidas de vidas humanas,
dados de baja, daños colaterales, y otros términos ke puedan resultar en
eufemismos para crímenes de Estado —contradicción práctica, acaso
¿insalvable?—. Aunque la delincuencia común genere más muertes y/o
asesinatos, ella no hace parte preponderante de las razones de Estado,
pues ella es connatural al sistema político, en tanto éste no a todxs nos
puede tener contentxs consumidorxs-consumistas o dichosos productores.

La guerrilla, en cambio, distinta de la delincuencia común, es una anomalía
rekerida. Por un lado, “es el principal problema ke tiene el país”, y por la
cual se justifica la fuerza estatal y en buena parte el régimen legal. Y, por
otro lado, siendo la guerrilla parte de nuestro aire, no me imagino cómo
sería la vida sin ella: ¿estaríamos peor? El único intento de oposición
existente en Colombia, acertado o no—de “bandidos” o “revolucionarios”—, al sistema, o menos, al gobierno, es decir, a los gobiernos, es decir, a los intereses de la banca. Pero, ¿ké tipo de anomalía preferimos?

Pero desacelero. Si recordamos, o si echamos un ojo a la prensa de las
últimas 3 o 4 elecciones presidenciales, una conclusión altisonante, casi
verdad de Perogrullo, es ke han sido las fuerzas subversivas las ke han
diseñado y elegido mandatario. Primordialmente, han sido las FARC-EP
kienes han escogido contrincante. Ké irresistible lógica watsoniana (del
Watson de “Batman el caballero de la noche”. Aunke también podría ser
de Schmitt): “yo no kiero eliminarte (enemigo mío), tú eres mi razón de
ser”. Lo ke, lógicamente, implica: “sin mi enemigo, desaparezco”.

Más lento. La lógica —por lo menos la de la intentona del círculo vienés—
no rebasa la realidad y, aún más, la misma realidad colombiana, como
sabemos, desborda la realidad: si entendemos la paz como resultado
morilloiano: pacificación por desaparición de la subversión, por vía del
anikilamiento, o ya por vía política o navarro-wolfiana: prebendataria; pues
la paz no pasará de ser palabrería sustento del próximo presidente en su
campaña y de sus reformas gubernamentales pro statu quo. Y tal como
antes, si le elegimos, es porke no estamos en guerra. O si lo estamos, aún
no nos enteramos. Aunke la padecemos, no la reconocemos y, en tanto no
la asumamos, no estaremos a tiempo de paz.

Me detengo. O, atención, la paz sea—distinto del tenor de Morillo—
producto de la eliminación o transformación de las causas ke originaron la
germinación hasta la explosión, hacia la mitad del siglo XX, del fenómeno
subversión —y con ello del conflicto social armado y político—. Es decir, ke
la paz sea el resultado de la superación de esas causas porke lxs
colombianxs hayamos acordado y efectuado una reforma agraria real—la
ciencia ficción suele ser derrotero de lo futurible—. Así, pues, en este caso,
la subversión no tendrá razón para existir y, consecuentemente, el próximo
presidente tendría ke contar con algo más ke venezolano-experto-
publicista-en-mercado-tecnia,
a la hora de presentarnos su plataforma
política, para lograr el favor del pueblo.

Me devuelvo. La estupidez: un arma portada en silencio, ke no se dispare,
ke no hace parte de la institución estatal, es, no sólo símbolo de la
revolución en Colombia, sino el acto revolucionario ke ya nadie espera, o
muy pocos aguardamos, de un Ejército del Pueblo. Éste ejército se
caracterizaría por posar con sus armas frías. Creo ke por desconfianza o
paranoia bien fundadas en lo histórico-actual, es válido y aceptable el
rechazo a entregar las armas por parte de éste ejército; un cese al fuego
no debe implicar una entrega de las armas guerrilleras, sino, como
alternativa hacia la paz, una especie de preter-institucionalización de ellas.
Esto es, un rango excepcional de la institucionalidad en el ke miembros no
funcionarios públicos (guerrilleros) sean facultados, respecto al porte de
armas, tal cual como es facultado un agente estatal.

Por tanto, y con esto se recupera la intención institucional, los guerrilleros
armados, antes ilegales, ahora exceptuados de la ley sobre porte de armas,
estarían expuestos a los perjuicios legales por el uso antijurídico de esas
armas, ahora, amparadas por el Estado. De tal manera ke ese uso ilegal se
circunscribiría al de la legítima defensa. Dicho de otro modo, un guerrillero
sólo accionaría su arma en defensa de su vida. Claro está, esto demanda el
compromiso dialógico, inicialmente, entre Estado y guerrilla, con la
sociedad (nacional e internacional) como juez de la puesta en escena de la
excepcional medida, ke, entre otras cosas, presupone una disminución de
acción de fuego, vale decirlo.

Aunke reconozco ke esto podría interpretarse como una especie de
paramilitarización de la guerrilla, la diferencia es ke la medida apunta al
desarme definitivo de una fuerza de antaño armada; en lugar de la
armización de un sector de la sociead, como en su tiempo lo propuso la
idea contenida en las nefastas “Convivir”, embrión del paramilitarismo en
Antiokia de los 80. Otra lectura podría replicar ke sería la
institucionalización de dos ejércitos al interior de un mismo Estado; a lo
cual basta advertir ke no ha sido el intento de negación, invisibilización u
ocultamiento, de la subversión por parte de la institucionalidad, una
medida ke haya dado resultado distinto de la exacerbación violenta del
conflicto social y político colombiano.

Ahora bien, esta medida sería transitoria hasta tanto no se consolide el
proceso de paz, según los acuerdos ke entre sociedad, Estado y guerrilla se
surtan. Pero, en tal escenario, estaríamos ante una guerrilla madura, como
debe serlo una con tanta trayectoria ke, por fin, considera el silenciamiento
de sus armas por la expansión de su ideario, ke se constituye
revolucionario en tanto práctica coherente con su discurso. Sería, así,
desvirtuar la política guerrerista estatal, y una anomalía deseable por una
significativa parte de la sociedad, conmigo incluido en esta parte.

Como se puede deducir, la paz, en las tipicidades colombianas, demanda
un esfuerzo de todas las partes para contemplar, evaluar e intentar
medidas distintas a las tradicionales o normalmente institucionales. La
guerra como expresión del conflicto social y político colombiano es una
cepa cancerígena con la ke nos hemos habituado a vivir, en tanto nos
degrada la calidad vital, y la ke, al correr de tiempos, tiros, muertes y
gobiernos, ha desarrollado un alto grado inmunológico; es necesario
considerar la amputación no violenta (clínica), sobre todo de akellas partes
ke persisten en la imposición violenta del derecho, de las creencias, de una
política, de un pensamiento, mediante la norma o las armas, o una
“perfecta combinación” de estas. Tal es una demanda social si keremos
curarnos de la siempreviva, hasta ahora, tradición colombiana anikilante de
lo opuesto y de la diferencia. p.

pd.:

¿Serán tan estúpidos guerrilla y Estado, este para acceder al ámparo de las armas guerrilleras, akella para revelar su pié de fuerza real? ¿Ké tan estúpidxs hemos sido todxs?

sábado, 10 de diciembre de 2011

Cuàl debe ser la postura del ME ante lo ke la opinion publica dice de la violencia

el papanatas en paro presenta...


Respondo ya: no sè.
No se porke, sin detenerme en la consideraciòn sobre una definiciòn d lo ke es la opinion pública, tampoco se cuàl deba ser la opiniòn del ME ke le gane el respaldo de esa opiniòn pùblica sobre el asunto de la
violencia. (Aunke fàcil es volver a salir a besar tombos; si es para salir en la foto, mojar prensa, no tengo ningùn reparo en mostrar mi mejor perfil d hipocresìa, abrazarìa a un ESMAD) .
Si como una gran mayorìa d compañeros afirman, tenemos a la opiniòn
pùblica a favor del ME, serìa prudente no pronunciarse sin tener una
certidumbre clara de lo ke la opiniòn pùblica espera sea nuestro
pronunciamiento.
Prolongando el argumento, dirìa ke para todo, opiniones, decisiones y
demàs, debemos, como ME, contar con el buen recibo de la opiniòn
pùblica antes de opinar, decidir, actuar...
Lo ke acabo de plantear, claramente, es un ejercicio de càlculo
polìtico, esto es, una pretensiòn polìtica ke pudiera ser de una
organizaciòn, partido, grupo, fuerza, etc. polìticos. No de alguien
con principios polìticos, no de un radical.
Radical, alguna vez, fue el término con el ke se acusara al viejito
Carlos Gaviria, en plena lid contra Uribe. El primero, el radical,
defendìa sus principios, en privado y en pùblico--mal cálculo
político, viejo--; en tanto el segundo se entregaba por completo a la
opiniòn pùblica, decìa exactamente lo ke sus futuros electores kerìan
ke dijera. El radical no fue presidente, sólo algunos radicales
perdimos con él.
Pero, es acaso digna tal pretensiòn, la del càlculo, en un Movimiento
como el ME?
Respondo ya: no.
Y si lo es, no debe seguir siéndolo. La dignidad del ME no sólo pasa
por la justeza y grandeza de sus objetivos propuestos, sino también, y
sobre todo, por los medios de los ke se sirva para lograrlos. El fin
justificado por los medios, si  y sólo si los medios son dignos de
este ME. Cuándo, pues, son dignos esos medios? Cuando sean justos,
cuando sean producto de la justicia. Asì por ejemplo, es justo ke la
opinión pública sea favorable al ME, porke el ME ha sido sido sincero
con el pueblo, es decir, lxs estudiantes han motivado con exposiciones
reales y verdaderas  a sus familias y vecinos, por ejemplo.
En suma, la praxis de este ME, ha ido definiendo su propio caracter
principal, sus propias raìces de lo ke es, de lo ke debe ser: honesto.
En privado y en pùblico, en campaña o en estado de invernaciòn,
coherente con su fin: un nuevo modelo de educación.
Y sobre lo de la violencia...
Pues este ME se ha caracterizado por sus maneras no violentas, ello le ha ganado el respeto, la admiraciòn y el respaldo de la ciudadanía en general. Sinembargo, tanto como si su dinámica fuera la de confrontar al Estado al viejo estilo de los grupos alzados en armas, ha sido merecedor, nuestro ME, segùn criterio no oficial, aunke a veces pùblico, de la represiòn violenta por parte de akèl. Supuestamente, es decir, en teorìa, el pacto social, ke como ciudadanos hemos establecido con el Estado, lo faculta, entre otras cosas, para comportarse violentamente contra sus ciudadanos, cuando estos ciudadanos son una amenaza contra otros ciudadanos, potencial o efectivamente, segùn lo crea el Estado. Aunke no recuerdo haber firmado ese contrato, tal parece ke mi primer llanto de vida fue mi sentencia, como vìctima potencial, delante de ese Estado. Ah, ahora entiendo, me explico, el porkè un tombo se cree con el derecho de golpear a casi kien desee golpear. ¡Tiene todo el derecho! De haberlo podido saber, de haberlo sabido, jamàs hubiese llorado, ni por mil golpes ke me diera el "tombo" de bata blanca en la sala d partos.
Mientras unos cuantos golpes, no tan mèdicos, y asesinatos màs, estatales, sirvan al objetivo del ME, ¿serà seguir aguantando, resistiendo? ¿La de Gandhi? Pues si yo estuviera seguro de ke mi muerte, o la de cualkiera, sirviera para liberarno del yugo yanki, "bajarìa trankilo al sepulcro". Como guardo harta incertidumbre, toca pelear, con estilo eso sì, como lo estamos haciendo desde el ME.